Puente transición

Venezuela: un régimen híbrido que se autocratiza más

No son democracias, pero tampoco dictaduras. Los regímenes híbridos, también llamados autoritarismos competitivos, rigen los destinos de varias naciones en vías de desarrollo. Utilizan las elecciones para legitimarse dentro de sus fronteras e internacionalmente.

Desde el año 2006, Venezuela registra un descenso en el Democracy Index publicado por la revista The Economist. Comenzó con una puntuación de 5,42/10 en el baremo que utiliza el prestigioso medio de comunicación para evaluar la calidad de las democracias en el mundo.

Durante el último período del fallecido presidente Hugo Chávez se mantuvo dentro de la categoría de autoritarismo competitivo en torno a una calificación de 5 puntos. Sin embargo, en 2016 el régimen venezolano bajó a 4,68; un descenso que evidencia el deterioro de las escasas condiciones democráticas que existían en el país suramericano. 

El chavismo permitió elecciones en condiciones desfavorables durante más de una década. Los procesos comiciales eran una competencia entre el Petroestado, con todos sus recursos, contra un grupo de partidos políticos, cuya popularidad individual no llegaba a los dos dígitos.

No obstante, a partir de 2016; con la anulación del Referéndum Revocatorio, la postergación de las regionales; y más recientemente, con la celebración de unas elecciones poco transparentes de una Constituyente no convocada en referéndum, bajo unas bases comiciales arbitrarias y con boletines de participación no reconocidos por los proveedores del software electoral ni por la comunidad internacional; el régimen venezolano ha estado perdiendo su calificativo de competitivo y transitando la ruta hacia la hegemonía del partido de gobierno.

Roessler y Howard (2009) estudiaron los distintos regímenes políticos desde 1995 hasta 2006 con el fin de mensurar la estabilidad que estos poseen. Los sistemas autoritarios competitivos resultaron ser los más inestables con 84% de supervivencia de un año a otro. Según los autores, 32% de estos regímenes se convirtieron en democracias electorales después de la celebración de un proceso comicial; mientras que 19% de estos se autocratizaron más, llegando a ser autoritarismos hegemónicos.

Esto ocurre cuando los regímenes híbridos pierden su capacidad de ganar elecciones. En estos escenarios, la élite debe definir si negociar con la oposición y plantear una transición hacia una democracia electoral o, por el contrario, reducir el escenario electoral a procesos todavía más controlados en donde solo participen el partido de gobierno junto a sectores opositores que estén dispuestos a coexistir con el nuevo sistema. 

Con instituciones como el CNE, la Contraloría y el Tribunal Supremo de Justicia, todavía más parcializados; hecho aunado a la existencia de la “supraconstitucional” Asamblea Nacional Constituyente, las elecciones regionales del 10 de diciembre se vislumbran como unos comicios que carecerán de los niveles de competitividad que existieron en elecciones anteriores. El régimen inhabilitará candidatos, modificará sobre la marcha las reglas del proceso e incluso podría suspender la elección de gobernadores y Consejos Legislativos Estadales.

Ante el progresivo menoscabo de las condiciones del subjuego electoral, la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y la comunidad internacional deberán seguir presionando por elecciones justas y libres. La resistencia civil no violenta será fundamental en la lucha por una transición hacia la democracia. Es urgente cerrarle las puertas del autoritarismo hegemónico a un bloque de poder que perdió su capacidad de competir electoralmente.

Fuentes:

Roessler y Howard (2009). Democratization by elections. A new mode of transition. The Johns Hopkins University Press: Baltimore.

The Economist (2016). The Democracy Index.

 

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